El pasado viernes, 30 de junio,por la noche decidí ir con mi familia, una amiga y su hijo de 10 años a cenar a algún restaurante junto a una conocida cala en Villajoyosa. Buscábamos algo sencillo porque queríamos que fuese una cena rápida. Por ello después de entrar a varios restaurantes y a algún chiringuito, nos llamó la atención la elegancia, así como los platos que anunciaban en la entrada.

Calas de Villajoyosa

Playas de Alicante

Publicitaban por tanto, una extensa variedad gastronómica, y al tener una terraza prácticamente llena de gente, pensamos que lo que allí servían debía estar decente. Además, el sitio se anunciaba destacando sus bajos precios, lo que llama la atención al buscar un sitio sencillo para comer o para cenar.

Cogimos una mesa para seis, y se acercó un camarero con acento del norte, posiblemente asturiano o cántabro. Y aunque nos atendió muy amablemente, sólo nos sirvió dos de las tres tapas que le pedimos. Se trataba de un steak tartar de carne de buey y una ración de queso frito. Lo que se le olvidó al joven empleado (insisto, muy amable), fueron tres brochetas de pollo que pedimos, una para cada adulto. Como íbamos con 3 niños, a ellos les sirvieron unas tiras de pollo con patatas fritas, que no debieron gustarles mucho porque sólo se comieron las patatas .

Al ver que las brochetas no llegaban, las volvimos a pedir. El camarero se disculpó porque no las había apuntado, y tardaron unos 5 minutos en llegar. Cuando los niños vieron las brochetas, se abalanzaron sobre ellas, para sorpresa de nosotros tres, por lo que no tuvimos más remedio que pedir al camarero otras tres para nosotros. Se trataba de otro camarero algo más serio, que nos atendió sin apenas mirarnos a los ojos.

Pasaron más de tres cuartos de hora, y al ver que no habían traído las brochetas, nos dispusimos a pedir la cuenta, en la que sí contaban las tres brochetas que NO habían traído.

Lo más curioso fue, que cuando se lo dijimos al camarero amable, aunque nos pidió disculpas, observé que se dirigía a otra mesa, justo al final de la terraza, donde una mujer de unos 55 años y un señor extremadamente grueso de más o menos la misma edad le hablaban de una manera algo ruda, seguramente búlgaros o rumanos. Al parecer eran los propietarios del local. No pude oír lo que le decían porque había mucho ruido, pero el joven camarero volvió a nuestra mesa, y aunque pedía disculpas de nuevo, nos sorprendió enormemente cuando decía que se le había olvidado al cocinero preparar las brochetas y que nos las podían poner para llevar. Ante nuestra negativa (¿a quien le puede apetecer comer brochetas precocinadas en otro momento?) volvió a la mesa de sus jefes y la discusión se ponía aún más fea. Parecía que nos querían hacer cargar con un plato que no habíamos consumido a toda costa. Aun así, a los pocos minutos, volvía el camarero a nuestra mesa con los 15 € que costaban esas tres brochetas de más.

En definitiva, aunque nos salimos con la nuestra, han perdido unos buenos clientes, porque aunque el servicio no era el mejor, la comida no estaba nada mal y los precios eran muy buenos.

Calidad de comida: 6

Amabilidad del camarero que nos atendíó: 7

Profesionalidad del camarero: 3

Amabilidad del personal en general: 0

Profesionalidad del personal: 0

Confortabilidad del sitio: 6

Decoración: 7

Variedad de platos: 7

Acondicionamiento: 6

Limpieza del cubierto: 7

Limpieza del restaurante: 6

Rapidez de servicio: 0

Climatización: 5

Aspecto de las mesas: 6

Ambiente en general: 7

Satisfacción final en general: 0

Volvería a ir en otra ocasión: NO

Nota: 4,3

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